Cualidades térmicas de las antiguas casas de barro y
tierra pisada.
Introducción.
Vivimos en una
casa construida en el año 1943, en la que los principales materiales utilizados
para la construcción fueron tomados de la naturaleza: piedras, tierra, agua,
paja y madera. La construyeron nuestros abuelos cuando aún eran jóvenes.
Antes de la
aparición de los modernos materiales de construcción, las viviendas de los
pueblos se construían utilizando los recursos naturales disponibles en el
entorno, como la madera, la paja, el barro, la arcilla, el agua y la tierra.
Estas casas, presentes en numerosas regiones de España, destacaban por su escaso
coste y buena capacidad para mantener una temperatura interior aceptable durante
todo el año, reduciendo la necesidad de sistemas artificiales de calefacción o
refrigeración.
Características constructivas
Las antiguas
viviendas rurales solían levantarse con gruesos muros de tapial (tierra
compactada entre tableros que hacían las veces de encofrado) sobre muros de
mampostería, y con adobes, que no eran
otra cosa que “ladrillos” rústicos hechos con barro y paja, y secados al sol.
Los muros podían alcanzar espesores de entre 40 y 80 centímetros, e incluso más
en algunos casos, que complementaban las propiedades aislantes de las paredes.
Además, los
techos se construían con materiales naturales como vigas de madera, tablas,
cañas y tejas de arcilla, confeccionadas generalmente en algún tejar de la zona,
como el que hubo en Alcubilla el siglo pasado.
Comportamiento térmico en invierno
Durante el
invierno, las gruesas paredes actuaban como una barrera frente al frío
exterior. Gracias a su elevada masa térmica, absorbían el calor producido por
el sol durante el día o por las chimeneas y braseros del interior.
Posteriormente, liberaban ese calor de forma lenta y gradual, ayudando a
mantener una temperatura más estable durante la noche.
Este fenómeno de
regulación térmica reducía las pérdidas de calor y hacía que las viviendas
resultaran un poco más confortables incluso en épocas de bajas temperaturas. Para
paliar en parte la pérdida de calor, las ventanas de las cocinas, que era prácticamente
donde se hacía la vida familiar en torno al fuego, se hacían de pequeño tamaño,
con ello conseguían evitar en parte la pérdida de calor en invierno, y en
verano que se colara el excesivo calor que reinaba en el exterior.
Comportamiento térmico en verano
En verano
ocurría el efecto contrario. Las paredes gruesas retrasaban la entrada del
excesivo calor exterior durante las horas más calurosas del día. Como
consecuencia, el interior de la vivienda permanecía fresco durante muchas
horas, beneficio del que aún podemos disfrutar en aquellas viejas casas de
entonces, hoy reformadas pero que conservan aún los muros primitivos.
Cuando la
temperatura exterior descendía por la noche, los muros liberaban lentamente el
calor acumulado, favoreciendo una regulación natural y manteniendo un ambiente
agradable. Este comportamiento permitía disfrutar de temperaturas interiores
significativamente más bajas que las del exterior, sin necesidad de aire
acondicionado.
En base a ello,
desde hace muchos años los arquitectos y constructores han tratado de crear y
utilizar materiales con características térmicas similares, que durante la
construcción imiten eficazmente el comportamiento de la naturaleza frente al
frío y el calor extremos, aunque los resultados no han sido en muchas ocasiones
los más acertados.
Ventajas medioambientales
Las casas de
barro y tierra pisada presentaban importantes beneficios ecológicos:
- Utilizaban materiales locales abundantes y
baratos.
- Requerían poca energía para su fabricación.
- Generaban una huella ambiental reducida.
- Eran reciclables y biodegradables.
- Contribuían al ahorro energético gracias a sus
excelentes propiedades térmicas.
Por estas
razones, muchas técnicas tradicionales de construcción están siendo recuperadas
actualmente dentro de la arquitectura sostenible y la bioconstrucción.
Conclusión
Las antiguas
casas construidas con barro, adobe y tierra pisada, constituyen un ejemplo de
arquitectura adaptada al clima y al entorno. Sus gruesas paredes proporcionaban
un aislamiento natural muy eficiente, manteniendo el calor durante el invierno
y la frescura durante el verano. Estas cualidades, unidas a su bajo impacto
ambiental, demuestran que muchas soluciones tradicionales siguen siendo válidas
y pueden inspirar las construcciones sostenibles del futuro en el medio rural.
A
título de curiosidad, tengo que decir que la mayoría de las viejas casas de
Arrabalde fueron construidas con las piedras que en su día bajaron del castro.
Por eso, si observamos la superficie del recinto castreño, podremos ver los
numerosos lugares donde se asentaban las cabañas, pero muy pocas piedras en
cada uno de ellos.





























