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jueves, 8 de octubre de 2026

Desde Peña La Pipa

 

Desde Peña La Pipa

Hay lugares que uno habita y lugares que, con el paso del tiempo, terminan habitándonos a nosotros.

Nuestro pueblo pertenece a esa segunda clase. Está asentado en una tierra que parece haber sido escogida con cuidado, al abrigo de una sierra cuya ladera se viste de pinos y cuya cima guarda, desde hace muchos siglos, la memoria de quienes nos precedieron.

Allí arriba, dominando el paisaje, permanece el viejo castro astur. Sus piedras, vencidas por el tiempo pero no por la memoria, parecen guardar todavía el eco de otras vidas, de otros hombres y mujeres que contemplaron estas mismas tierras mucho antes de que nosotros llegáramos. Quizá desde aquellas alturas también ellos sintieron la misma fascinación ante el horizonte que hoy sentimos nosotros.

Pero hay un lugar en la sierra donde todo parece adquirir una dimensión diferente: Peña La Pipa.

Llegar hasta allí es, de alguna manera, alejarse del ruido de las cosas. Poco a poco, mientras se asciende, el pueblo va quedando abajo y los sonidos cotidianos se hacen más débiles. Los pinos acompañan el camino con su silencio, apenas interrumpido por el viento que se desliza entre las ramas. El aire se vuelve más limpio y parece que también el pensamiento se desprende de aquello que lo preocupa.

Y entonces aparece el paisaje.

Desde Peña La Pipa la mirada puede perderse en una extensión inmensa de tierras, montes, campos y pueblos. El horizonte se abre generoso, sin prisas, como si quisiera recordarnos que el mundo es mucho más grande que nuestras preocupaciones diarias.

Uno permanece allí contemplando.

No hace falta hablar.

Hay paisajes que hablan por nosotros.

En los días de otoño, además, la sierra adquiere una belleza especial. La luz es diferente, más suave y reposada. El sol ya no tiene la fuerza del verano y las tardes parecen alargarse sobre los campos con una delicadeza casi imperceptible. El aire fresco anuncia el cambio de estación y los colores de la tierra empiezan a transformarse.

Los pinos conservan su verdor, mientras otros árboles comienzan a teñirse de ocres, amarillos y pardos. Todo parece más tranquilo.

Quizá porque el otoño nos invita también a mirar de otra manera.

Después de los meses luminosos y bulliciosos del verano, llega un tiempo para la calma. Para sentarse sin prisa. Para caminar despacio. Para escuchar el viento. Para contemplar cómo una nube atraviesa lentamente el cielo o cómo la última luz de la tarde se posa sobre los campos.

Y es entonces cuando uno comprende que la belleza de un lugar no está solamente en aquello que puede verse.

Está también en aquello que puede sentirse.

Está en la tranquilidad que proporciona saber que esas montañas estaban allí antes que nosotros y seguirán estando cuando nosotros ya no estemos. Está en las piedras del antiguo castro, que han visto pasar generaciones enteras. Está en los pinos que cada año vuelven a recibir la lluvia, el frío y el sol. Está en los caminos que tantas veces recorrieron nuestros antepasados.

Y está, sobre todo, en esa sensación difícil de explicar que produce contemplar desde Peña La Pipa la tierra que sentimos nuestra.

Desde allí arriba, quizá comprendemos mejor quiénes somos.

Somos parte de un paisaje antiguo.

De una historia que comenzó mucho antes de nosotros y que, de alguna manera, continuará después. Somos herederos de aquellas gentes que vivieron en el castro, de quienes trabajaron estas tierras, de quienes levantaron sus casas, cultivaron sus campos, cuidaron de sus familias y aprendieron a vivir con lo que la naturaleza les ofrecía.

Por eso, cuando uno contempla el paisaje desde la cima, no está mirando solamente un hermoso panorama.

Está mirando también una parte de su propia historia.

Y quizá por eso Peña La Pipa tiene algo especial.

Porque allí arriba parece que el tiempo se detiene.

El presente se hace pequeño, el pasado se acerca y el futuro deja de importar durante unos instantes. Solo queda el paisaje, el cielo, el silencio y esa paz que no se puede comprar ni fabricar, porque pertenece a la tierra.

Tal vez ese sea uno de los grandes privilegios de vivir aquí: tener tan cerca un lugar al que poder acudir cuando necesitamos descansar de nosotros mismos.

Subir a Peña La Pipa en una tarde de otoño.

Sentarse.

Respirar profundamente.

Mirar.

Y dejar que los ojos recorran lentamente ese paisaje extenso y hermoso que se abre ante nosotros.

Entonces quizá descubramos que no necesitamos demasiado para ser felices.

A veces basta con un poco de sol, el olor de los pinos, el silencio de una tarde tranquila y la contemplación serena de la tierra que nos vio nacer.

Y mientras el sol comienza a esconderse detrás del horizonte, uno siente que aquel paisaje no es simplemente un lugar.

Es un regalo.

Un patrimonio de naturaleza, de historia y de memoria.

Un lugar para conservar, para querer y para transmitir.

Porque hay tierras que simplemente se habitan.

Y hay otras, como esta, que se llevan para siempre en el corazón.

 

Arrabalde, 9 de octubre de 2026



Foto de arriba: Arrabalde desde Peña La Pipa




viernes, 2 de octubre de 2026

Fallecimiento de un vecino de Arrabalde

 

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ARRABALDE EN LA NUBE… Y EN EL CORAZÓN.

02 DE OCTUBRE DE 2026.-

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Lamento comunicar que en el día de hoy 02 de octubre de 2026, viernes, ha fallecido en León nuestro vecino D. PABLO FERRERO TEJEDOR, viudo de María del Rosario de Paz Pérez, a la edad de 92 años.

 

La capilla ardiente ha quedado instalada en el velatorio de Arrabalde desde donde será trasladado a las 17,00 horas de la tarde de mañana día 03, sábado, a la iglesia parroquial de la localidad, donde tendrán lugar los oficios religiosos seguidos de su posterior inhumación en el cementerio municipal.

 

Desde aquí les damos nuestro más sentido pésame a sus hijos Manoli y Pablo, así como a toda la familia en general.

 

Descanse en paz.

 

 

P L E G A R I A

 

Ver en todas las cosas
del Espíritu incógnito las huellas;
contemplar
sin cesar,
en las diáfanas noches misteriosas,
la santa desnudez de las estrellas…
Esperar!
Esperar!
¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura
y no soñada paz… Sereno y fuerte,
correr esa aventura
sublime y portentosa de la muerte.

Mientras, amarlo todo… y no amar nada,
sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas;
cuidar de que en la áspera jornada
no se atrofien las alas, ni oleada
de cieno vil ensucie nuestras plumas.

Alma: tal es la orientación mejor,
tal es el instintivo derrotero
que nos muestra un lucero
interior.

 

Aunque nada sepamos del destino,

la noche a no temerlo nos convida.

Su alfabeto de luz, claro y divino,

Nos dice: “Ven a mí: soy el Camino,

La Verdad y la Vida”


A nuestro vecino Pablo.

Noventa y dos primaveras ya cumplidas,
dejaste en nuestro pueblo tu pisada,
una vida de entrega consagrada,
de trabajo, de afanes y de vidas.

Con tus manos, honradas y sufridas,
levantaste tu hogar con fe callada,
y a tu familia, siempre acompañada,
diste amor, sacrificios y alegrías.

Hoy Arrabalde llora tu partida,
Pablo querido, hombre bueno y fiel,
mas tu recuerdo quedará prendido.

Y confiamos, por la gracia de Aquel
en quien pusiste siempre tu esperanza,
que Dios te abra las puertas de su Cielo.




jueves, 27 de agosto de 2026

Cualidades térmicas de las antiguas casas de barro y tierra pisada.

 

Cualidades térmicas de las antiguas casas de barro y tierra pisada.

Introducción.

Vivimos en una casa construida en el año 1943, en la que los principales materiales utilizados para la construcción fueron tomados de la naturaleza: piedras, tierra, agua, paja y madera. La construyeron nuestros abuelos cuando aún eran jóvenes.

Antes de la aparición de los modernos materiales de construcción, las viviendas de los pueblos se construían utilizando los recursos naturales disponibles en el entorno, como la madera, la paja, el barro, la arcilla, el agua y la tierra. Estas casas, presentes en numerosas regiones de España, destacaban por su escaso coste y buena capacidad para mantener una temperatura interior aceptable durante todo el año, reduciendo la necesidad de sistemas artificiales de calefacción o refrigeración.

Características constructivas

Las antiguas viviendas rurales solían levantarse con gruesos muros de tapial (tierra compactada entre tableros que hacían las veces de encofrado) sobre muros de mampostería, y con adobes,  que no eran otra cosa que “ladrillos” rústicos hechos con barro y paja, y secados al sol. Los muros podían alcanzar espesores de entre 40 y 80 centímetros, e incluso más en algunos casos, que complementaban las propiedades aislantes de las paredes.

Además, los techos se construían con materiales naturales como vigas de madera, tablas, cañas y tejas de arcilla, confeccionadas generalmente en algún tejar de la zona, como el que hubo en Alcubilla el siglo pasado.  

Comportamiento térmico en invierno

Durante el invierno, las gruesas paredes actuaban como una barrera frente al frío exterior. Gracias a su elevada masa térmica, absorbían el calor producido por el sol durante el día o por las chimeneas y braseros del interior. Posteriormente, liberaban ese calor de forma lenta y gradual, ayudando a mantener una temperatura más estable durante la noche.

Este fenómeno de regulación térmica reducía las pérdidas de calor y hacía que las viviendas resultaran un poco más confortables incluso en épocas de bajas temperaturas. Para paliar en parte la pérdida de calor, las ventanas de las cocinas, que era prácticamente donde se hacía la vida familiar en torno al fuego, se hacían de pequeño tamaño, con ello conseguían evitar en parte la pérdida de calor en invierno, y en verano que se colara el excesivo calor que reinaba en el exterior.

Comportamiento térmico en verano

En verano ocurría el efecto contrario. Las paredes gruesas retrasaban la entrada del excesivo calor exterior durante las horas más calurosas del día. Como consecuencia, el interior de la vivienda permanecía fresco durante muchas horas, beneficio del que aún podemos disfrutar en aquellas viejas casas de entonces, hoy reformadas pero que conservan aún los muros primitivos.

Cuando la temperatura exterior descendía por la noche, los muros liberaban lentamente el calor acumulado, favoreciendo una regulación natural y manteniendo un ambiente agradable. Este comportamiento permitía disfrutar de temperaturas interiores significativamente más bajas que las del exterior, sin necesidad de aire acondicionado.

En base a ello, desde hace muchos años los arquitectos y constructores han tratado de crear y utilizar materiales con características térmicas similares, que durante la construcción imiten eficazmente el comportamiento de la naturaleza frente al frío y el calor extremos, aunque los resultados no han sido en muchas ocasiones los más acertados.

Ventajas medioambientales

Las casas de barro y tierra pisada presentaban importantes beneficios ecológicos:

  • Utilizaban materiales locales abundantes y baratos.
  • Requerían poca energía para su fabricación.
  • Generaban una huella ambiental reducida.
  • Eran reciclables y biodegradables.
  • Contribuían al ahorro energético gracias a sus excelentes propiedades térmicas.

Por estas razones, muchas técnicas tradicionales de construcción están siendo recuperadas actualmente dentro de la arquitectura sostenible y la bioconstrucción.

Conclusión

Las antiguas casas construidas con barro, adobe y tierra pisada, constituyen un ejemplo de arquitectura adaptada al clima y al entorno. Sus gruesas paredes proporcionaban un aislamiento natural muy eficiente, manteniendo el calor durante el invierno y la frescura durante el verano. Estas cualidades, unidas a su bajo impacto ambiental, demuestran que muchas soluciones tradicionales siguen siendo válidas y pueden inspirar las construcciones sostenibles del futuro en el medio rural.

A título de curiosidad, tengo que decir que la mayoría de las viejas casas de Arrabalde fueron construidas con las piedras que en su día bajaron del castro. Por eso, si observamos la superficie del recinto castreño, podremos ver los numerosos lugares donde se asentaban las cabañas, pero muy pocas piedras en cada uno de ellos.










Fotos ilustrativas de antiguas casas de piedra con tapiería de barro.


Arrabalde, 27 agosto 2026

lunes, 3 de agosto de 2026

ASOCIACIÓN CULTURAL CASTRO DE LAS LABRADAS, Arrabalde (Zamora).

 

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ARRABALDE EN LA NUBE… Y EN EL CORAZÓN.

04  DE AGOSTO DE 2026.-

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Este es el cartel de actividades para la próxima semana cultural de la ASOCIACIÓN CULTURAL CASTRO DE LAS LABRADAS, de Arrabalde, que tendrá lugar entre los días 8 y 16 de este mes de agosto.

El día 15, sábado, habrá una excursión al castro de San Cibrao de Lás y termas romanas de Orense. Aún quedan plazas, pero los que tengan idea de apuntarse que no lo dejen para última hora, no vaya a ser que se agoten y alguno se quede sin poder ir, como sucedió el año pasado.



sábado, 1 de agosto de 2026

FALLECIMIENTO DE ANÍBAL FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ

 

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ARRABALDE EN LA NUBE… Y EN EL CORAZÓN.

01  DE AGOSTO DE 2026.-

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FALLECIMIENTO DE ANÍBAL FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ

Lamento comunicar que en el día de hoy, 01 de agosto de 2026, sábado, ha fallecido en Gijón D. ANIBAL FERNANDEZ FERNANDEZ, a la edad de 65 años.

El féretro será trasladado directamente desde Gijón a la iglesia parroquial de Arrabalde, donde a las 18,00 horas de mañana día 2, domingo, se celebrarán los oficios religiosos seguidos de su posterior inhumación en el cementerio municipal.

Desde aquí le damos nuestro más sentido pésame y acompañamos en el dolor a su esposa Blanca, a sus hijos Beatriz y Roberto, así como a toda la familia en general.

Descansa en paz Aníbal.

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Capilla ardiente: Tanatorio Gijón-Cabueñes, sala 8. Tno. 985134080

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P L E G A R I A

 

De la vida en la arena

me llevas de la mano

al puerto más cercano,

al agua más serena.

El corazón se llena,

Señor, de tu ternura;

y es la noche más pura

y la ruta más bella

porque tú estás en ella,

sea clara u oscura.

 

La noche misteriosa

acerca a lo escondido;

el sueño es el olvido

donde la paz se posa.

Y esa paz es la rosa

de los vientos. Velero,

inquieto marinero,

ya mi timón preparo

-tú el mar y cielo claro-

hacia el alba que espero.

 

                  B.V.G.



miércoles, 22 de julio de 2026

Fallecimiento de una antigua vecina de Arrabalde

 

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ARRABALDE EN LA NUBE… Y EN EL CORAZÓN.

22  DE JULIO DE 2026.-

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FALLECIMIENTO DE UNA ANTIGUA VECINA DE ARRABALDE

Lamento comunicaros que en el día de ayer, 21 de julio de 2026, martes, ha fallecido en Madrid la que fuera vecina de Arrabalde ISABEL POSADA POSADA a la edad de 79 años.

El féretro fue trasladado directamente desde Madrid a la iglesia parroquial de Arrabalde, donde a las 13,00 horas de hoy miércoles, día 22, se celebrarán los oficios religiosos seguidos de su posterior inhumación en el cementerio municipal.

Desde aquí le damos nuestro más sentido pésame y acompañamos en el dolor a su esposo José Gómez Fernández, a sus hijos Alvaro y José, así como a toda la familia en general.

Descansa en paz Isabel.




P L E G A R I A


Desde que mi voluntad

está a la vuestra rendida,

conozco yo la medida

de la mejor libertad.

Venid, Señor, y tomad

las riendas de mi albedrío;

de vuestra mano me fío

y a vuestra mano me entrego,

que es poco lo que me niego

si yo soy vuestro y vos mío.

 

A fuerza de amor humano

me abraso en amor divino.

La santidad es camino

que va de mi hacia mi hermano.

Me di sin tender la mano

para cobrar en favor;

me di en salud y en dolor

a todos, y de tal suerte

que me ha encontrado la muerte

sin nada más que el amor.


                         J.L.B.V.

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martes, 30 de junio de 2026

Celebración matrimonial PATRI - PABLO

 

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ARRABALDE EN LA NUBE… Y EN EL CORAZÓN.

30 DE JUNIO DE 2026.-

EL TIEMPO EN ARRABALDE Y SU ENTORNO

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CELEBRACIÓN MATRIMONIAL ENTRE PATRI Y PABLO

El pasado sábado día 27 se celebró en Arrabalde la boda entre

Patri y Pablo. Como las circunstancias no me permitieron estar presente, las fotos que publico son las que me han ido enviando. Siento que no estén en orden cronológico, pero bueno, así también las podemos disfrutar.

Iré publicando más a medida que me las envíen.

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El buen tiempo acompañó la ceremonia y desde entonces todos han sido días de sol y de calor.

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NUEVAS FOTOS