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jueves, 27 de agosto de 2026

Cualidades térmicas de las antiguas casas de barro y tierra pisada.

 

Cualidades térmicas de las antiguas casas de barro y tierra pisada.

Introducción.

Vivimos en una casa construida en el año 1943, en la que los principales materiales utilizados para la construcción fueron tomados de la naturaleza: piedras, tierra, agua, paja y madera. La construyeron nuestros abuelos cuando aún eran jóvenes.

Antes de la aparición de los modernos materiales de construcción, las viviendas de los pueblos se construían utilizando los recursos naturales disponibles en el entorno, como la madera, la paja, el barro, la arcilla, el agua y la tierra. Estas casas, presentes en numerosas regiones de España, destacaban por su escaso coste y buena capacidad para mantener una temperatura interior aceptable durante todo el año, reduciendo la necesidad de sistemas artificiales de calefacción o refrigeración.

Características constructivas

Las antiguas viviendas rurales solían levantarse con gruesos muros de tapial (tierra compactada entre tableros que hacían las veces de encofrado) sobre muros de mampostería, y con adobes,  que no eran otra cosa que “ladrillos” rústicos hechos con barro y paja, y secados al sol. Los muros podían alcanzar espesores de entre 40 y 80 centímetros, e incluso más en algunos casos, que complementaban las propiedades aislantes de las paredes.

Además, los techos se construían con materiales naturales como vigas de madera, tablas, cañas y tejas de arcilla, confeccionadas generalmente en algún tejar de la zona, como el que hubo en Alcubilla el siglo pasado.  

Comportamiento térmico en invierno

Durante el invierno, las gruesas paredes actuaban como una barrera frente al frío exterior. Gracias a su elevada masa térmica, absorbían el calor producido por el sol durante el día o por las chimeneas y braseros del interior. Posteriormente, liberaban ese calor de forma lenta y gradual, ayudando a mantener una temperatura más estable durante la noche.

Este fenómeno de regulación térmica reducía las pérdidas de calor y hacía que las viviendas resultaran un poco más confortables incluso en épocas de bajas temperaturas. Para paliar en parte la pérdida de calor, las ventanas de las cocinas, que era prácticamente donde se hacía la vida familiar en torno al fuego, se hacían de pequeño tamaño, con ello conseguían evitar en parte la pérdida de calor en invierno, y en verano que se colara el excesivo calor que reinaba en el exterior.

Comportamiento térmico en verano

En verano ocurría el efecto contrario. Las paredes gruesas retrasaban la entrada del excesivo calor exterior durante las horas más calurosas del día. Como consecuencia, el interior de la vivienda permanecía fresco durante muchas horas, beneficio del que aún podemos disfrutar en aquellas viejas casas de entonces, hoy reformadas pero que conservan aún los muros primitivos.

Cuando la temperatura exterior descendía por la noche, los muros liberaban lentamente el calor acumulado, favoreciendo una regulación natural y manteniendo un ambiente agradable. Este comportamiento permitía disfrutar de temperaturas interiores significativamente más bajas que las del exterior, sin necesidad de aire acondicionado.

En base a ello, desde hace muchos años los arquitectos y constructores han tratado de crear y utilizar materiales con características térmicas similares, que durante la construcción imiten eficazmente el comportamiento de la naturaleza frente al frío y el calor extremos, aunque los resultados no han sido en muchas ocasiones los más acertados.

Ventajas medioambientales

Las casas de barro y tierra pisada presentaban importantes beneficios ecológicos:

  • Utilizaban materiales locales abundantes y baratos.
  • Requerían poca energía para su fabricación.
  • Generaban una huella ambiental reducida.
  • Eran reciclables y biodegradables.
  • Contribuían al ahorro energético gracias a sus excelentes propiedades térmicas.

Por estas razones, muchas técnicas tradicionales de construcción están siendo recuperadas actualmente dentro de la arquitectura sostenible y la bioconstrucción.

Conclusión

Las antiguas casas construidas con barro, adobe y tierra pisada, constituyen un ejemplo de arquitectura adaptada al clima y al entorno. Sus gruesas paredes proporcionaban un aislamiento natural muy eficiente, manteniendo el calor durante el invierno y la frescura durante el verano. Estas cualidades, unidas a su bajo impacto ambiental, demuestran que muchas soluciones tradicionales siguen siendo válidas y pueden inspirar las construcciones sostenibles del futuro en el medio rural.

A título de curiosidad, tengo que decir que la mayoría de las viejas casas de Arrabalde fueron construidas con las piedras que en su día bajaron del castro. Por eso, si observamos la superficie del recinto castreño, podremos ver los numerosos lugares donde se asentaban las cabañas, pero muy pocas piedras en cada uno de ellos.










Fotos ilustrativas de antiguas casas de piedra con tapiería de barro.


Arrabalde, 27 agosto 2026

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